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Durante el
Tercer
Congreso Internacional de Calidad en la Gestión organizado por
FUNDECE los días 1 y 2 de octubre, en el marco del
festejo de su XX
Aniversario, se realizó un homenaje al Dr. Armand V. Feigenbaum,
en reconocimiento al valioso aporte a la difusión del Control
Total de la Calidad en el mundo, que viene realizando desde hace
más de 50 años.
A
continuación les presentamos el discurso que este verdadero gurú
de la calidad pronunció en la Sesión Inaugural del
Congreso.
(...) El
motivo que nos convoca esta mañana es el reconocimiento compartido
de que
el liderazgo en calidad es la clave del éxito de las
organizaciones y las empresas, y que el poder de ese liderazgo, si
se orienta y dirige en forma adecuada y eficaz, constituye una
base fundamental para el crecimiento beneficioso, la
competitividad y la satisfacción del cliente en el marco de la
economía mundial de hoy.
Esa
clara y poderosa prioridad que se concede a la calidad es el
factor clave que hace posible la eficacia y el crecimiento
económico, social y beneficioso de las empresas y organizaciones
de todo el mundo en esta época tan cambiante en que nos toca
vivir. En la actualidad, y en todos los ámbitos, los pequeños y
grandes compradores exigen calidad en los productos y servicios.
La globalización y el crecimiento próspero de las empresas exigen
calidad. El desarrollo y el funcionamiento continuo de la
tecnología moderna se apoyan en la calidad sostenible. Y, en el
plano nacional, el crecimiento social y económico eficaz se funda
en gran medida en la calidad.
Tanto
mi hermano, el Dr. Donald S. Feigenbaum (que me acompaña hoy, y
con quien ejerzo la dirección internacional de General Systems
Inc.), como yo sabemos, a partir de las actividades que
actualmente llevamos adelante en General Systems, al trabajar con
otras empresas en el desarrollo y la instalación de sistemas de
gestión total de la calidad en muchas partes del mundo y en
numerosos sectores industriales, empresariales, gubernamentales y
educativos, que muchos de los últimos meses se han caracterizado
por acontecimientos de importancia nuevos y cambiantes en lo que
respecta al crecimiento internacional de la calidad, que se están
originando en la economía mundial de hoy, tremendamente exigente,
y que es trata de acontecimientos que es preciso que las
organizaciones reconozcan plenamente para permitir la continuidad
de su éxito y crecimiento en términos de calidad.
Lo
que impulsa esos acontecimientos son los cambios económicos,
humanos y tecnológicos que, en materia de calidad, están generando
en todos los sectores industriales y empresariales del mundo uno
de los efectos más turbulentos y desafiantes jamás recordados. Tal
como se ve reflejado en nuestro trabajo, esos efectos se refieren
al aumento descomunal del nivel de exigencia por parte de los
clientes, que no sólo exigen una disminución de los defectos de
los productos que compran, sino que el valor de la calidad de esos
productos sea cada vez más alto. Asimismo, esos defectos se
refieren a la prioridad que se ha dado desde siempre al control de
la calidad; al impacto económico cada vez mayor que acarrea toda
esta situación en términos de costo-beneficio; a la velocidad de
los cambios que se producen en los procesos de desarrollo de
productos y atención al cliente para satisfacer estos
requerimientos; y al correspondiente efecto que acarrea toda esta
situación sobre la manera de concebir y administrar la calidad con
el fin de lograr la competitividad, la rentabilidad y el
crecimiento de las empresas y los países.
Permítanme
analizar brevemente todos esos aspectos del rostro (y las
exigencias) cambiante que presenta hoy en día la calidad. Como
quizás sepan, hace muchos años que General Systems viene
estudiando el comportamiento de los clientes —tanto de los
pequeños consumidores como de los compradores industriales— a la
hora de comprar en los principales mercados internacionales. Los
resultados de nuestros estudios indican que, sin duda, los
potenciales compradores de hoy en día siguen prestando atención
principalmente a todo lo que les garantice que los productos sobre
cuya compra están decidiendo funcionan adecuadamente en términos
operativos, según el uso que se pretenda darles. Ello refleja la
realidad de que hoy en día se espera que la mayoría de los
productos funcionen de alguna manera cuando se gire o presione el
botón de encendido o cuando se apriete el acelerador, y que, de
algún modo, la mayoría de los servicios seguramente se encuentren
disponibles.
Sin
embargo, los resultados de nuestros estudios demuestran claramente
que en los últimos años se ha producido un cambio importante: los
compradores potenciales y cautelosos de hoy en día también
incluyen entre sus principales expectativas —y buscan información
clara respecto del funcionamiento de— factores básicos relativos
al valor de la calidad de los productos, tales como la capacidad
con que funciona el servicio de soporte técnico del producto; el
liderazgo competitivo de la tecnología con fue fabricado el
producto; la claridad de las instrucciones de uso así como de
seguridad y ciclo de vida del producto; la puntualidad y
eficiencia en la entrega del producto por parte de la cadena de
distribución que provee los productos; y la dimensión humana de la
organización cuyo nombre figura en el producto —sobre todo en lo
que respecta a la capacidad de responder en forma inmediata ante
los servicios que debe prestar—, entre otros factores.
Así
se pone de manifiesto un factor importante que forma parte del
crecimiento de la calidad en el plano internacional: que en la
actualidad el interés del cliente en todos los mercados mundiales
se centra claramente en dar estricta prioridad a la definición de
calidad basada en el valor del cliente que los especialistas en
calidad han acentuado durante tanto tiempo en sus trabajos, y que
difiere tanto de la concepción tradicional de la calidad que
perdura en algunas empresas, según la cual ésta equivale a
productos o servicios libres de defecto pero que carecen de una
definición cabal y explícita del mercado y los consumidores acerca
de lo que ello significa para la compañía en términos de valor del
cliente.
Las
empresas que logran entender cabalmente este concepto reconocen la
importancia que éste reviste a la hora de lograr el éxito
comercial en los mercados de hoy en día. En términos de
planificación estratégica y de negocios, ello significa que el
liderazgo competitivo en materia de calidad de los productos y
servicios de los mercados brutalmente competitivos de hoy se funda
en el aumento sistemático de aquellas cosas (tanto pequeñas como
grandes) que han dado buen resultado y los compradores quieren y
reconocen, y no sólo en la reducción de las cosas que han dado mal
resultado: es decir, la forma antigua de control de calidad,
basada sobre todo en la eliminación de defectos.
Ése
es el motivo por el cual, en comparación con los líderes del
mercado mundial de hoy en día, los resultados de ventas de algunos
productos (que presentan un número reducido de defectos según las
calificaciones que se otorgan en el sentido tradicional del
control de calidad), como ciertos modelos de automóviles, que van
de autos y camiones a sistemas informáticos y de electrónica de
consumo, y teléfonos celulares, han sido insatisfactorios, lo que
ha originado importantes problemas comerciales para las empresas
fabricantes de esos productos y beneficios comerciales para sus
competidores. Sin embargo, a pesar de contener pocos o ningún
defecto, esos productos sencillamente no brindan el valor de la
calidad que buscan los clientes en los mercados de hoy y su nivel
de consumo no será significativo, tal como lo demuestran los datos
abarcativos del bajo rendimiento de la fuerza de ventas de esos
productos.
Más
aún, ése es el motivo por el que, hoy en día, los líderes de
empresas internacionales vienen reconociendo cada vez más, a
partir de su experiencia y en términos mundiales, que la calidad,
además de ser un asunto técnico, también constituye un estilo
clave de gestión de sus empresas. La calidad se ha constituido en
el fundamento para la orientación y empoderamiento sistémicos y
para el apoyo de la búsqueda constante de la excelencia por parte
de los hombres y las mujeres que trabajan dentro de la empresa, en
las áreas de producción, ingeniería, ventas, recursos humanos y
gestión de costos y beneficios.
Y
—algo que reviste suma importancia— la calidad reconoce el
principio básico de la experiencia comercial mundial según el cual
lo que mejora el valor de la calidad en cualquier área de la
organización es lo que en General Systems denominamos el efecto
dominó de la calidad.
El
resultado es que la calidad, en términos del valor del cliente, se
ha convertido a nivel mundial en la meta esencial de compra tanto
de las empresas como de los consumidores. Una de las piezas
fundamentales de la fortaleza competitiva de las empresas de hoy
reside en el grado de eficacia y sistematización con que la
organización concibe y pone en práctica este lenguaje relativo a
las metas en todas sus áreas, en términos de procesos técnicos y
de calidad, así como de liderazgo en gestión. Y se trata de una
meta que va cambiando muy rápidamente en el mercado mundial de
hoy.
Según
la experiencia de General Systems a nivel mundial, esa meta se ha
centrado en la suma importancia que reviste la fortaleza de las
empresas de hoy en materia de liderazgo competitivo en varios
aspectos clave relacionados con los procesos, entre los que se
cuentan:
Primero:
prácticas de calidad más eficaces y poderosas para el desarrollo y
la introducción de nuevos productos, en las que se acentúa el
valor del cliente en todos los mercados mundiales en que opera la
empresa;
Segundo:
Una gestión más productiva, en términos de calidad, de la cadena
de compra y distribución, centrada hoy en día en la
internacionalización y las prácticas de
outsourcing;
Tercero:
Una motivación mucho mayor y más coherente, en materia de calidad,
de los recursos humanos de la empresa, en apoyo de esas
iniciativas que reconocen que la prioridad que las empresas
conceden hoy en día a la tecnología ha aumentado notablemente —y
no ha reducido para nada— la importancia del papel y las
responsabilidades que desempeñan los hombres y las mujeres dentro
de la empresa;
Cuarto:
La importancia cada vez mayor que se da a la economía de la
calidad y a sus costos y beneficios; y
Quinto:
La nueva naturaleza que ha adquirido el propio liderazgo
estratégico y operativo en materia de calidad.
Me
gustaría repasar ahora cada uno de esos aspectos.
El
primer aspecto del que se valen las compañías mundiales para
generar esa competitividad radica en la importancia que otorgan a
los procesos de calidad más rápidos y sistemáticos que permiten
desarrollar e introducir nuevos productos competitivamente sólidos
y de alto valor para el cliente en los mercados tan cambiantes que
hemos analizado.
El
éxito de las empresas en lo que respecta a este lanzamiento cada
vez más rápido de productos de alta calidad depende, hoy por hoy,
del desarrollo y la utilización de sistemas de calidad impulsados
por un liderazgo en gestión muy específico, que acorten los ciclos
de desarrollo del producto, sin dejar de ofrecer una disciplina
completa en materia de calidad que garantice un lanzamiento
exitoso del producto y un desempeño coherente en materia de valor
del cliente.
La
experiencia demuestra que una de las clave para lograr este
resultado consiste en centrarse no solamente en las propias
prácticas de calidad del producto, sino también en la prioridad
que el liderazgo de la alta dirección de la empresa conceda a
garantizar la clara integración de la ingeniería de los sistemas
de calidad de todos esos procesos de desarrollo, diseño,
producción, abastecimiento, distribución y mantenimiento. Ello
difiere bastante de las antiguas prácticas, en las que esos
procesos, a pesar de ser bien intencionados y a menudo bien
diseñados, estaban básicamente separados, y se los dirigía sobre
todo desde lo tecnológico: es decir, eran en sí mismos islas sin
puentes eficaces que uniesen las actividades con otros procesos
fundamentales en materia de calidad que se llevaban a cabo en
todas las áreas de la empresa.
Hoy
en día, las empresas líderes dirigen estas prácticas en forma
clara y coherente, prestando suma atención a las prácticas de
medición sistemática del valor del cliente que se diseñan para
identificar y evitar lo que en General Systems se denomina —en
concordancia con los mercados de hoy, que cambian con tanta
rapidez— el “retroceso en el crecimiento de la calidad de la
empresa”. Es en ese punto donde las condiciones de
competitividad, entre otras, aumentan rápidamente las expectativas
en materia de satisfacción del cliente en los mercados mundiales
de hoy, que avanzan a tanta velocidad. Estos datos de mediciones
de mercado en materia de valor del cliente se convierten en el
principio rector que exige de inmediato, en los casos en que
resulta necesario, nuevas prácticas importantes de diseño del
desarrollo del producto para impedir cualquier efecto negativo que
pueda afectar la satisfacción del cliente. Según nuestra
experiencia, ésa es una de las capacidades básicas a partir de la
cual se desarrolla la fortaleza de los productos y servicios de
las empresas líderes mundiales en valor de la calidad de hoy en
día, que van desde las más empresas pequeñas a las más grandes y
poderosas compañías que siempre se mantienen al día en lo que hace
a la calidad de sus mercados.
Así
paso al segundo aspecto, vinculado a la manera en que las empresas
que se rigen por la calidad están dando prioridad a la
consolidación de una nueva competitividad. La manera de lograr la
competitividad es precisamente mediante una gestión de la calidad
más eficaz en lo que respecta a sus actividades de compra y
distribución en los procesos de adquisición y outsourcing
que hoy en día se orientan hacia el plano internacional.
La
competitividad se rige por el énfasis que se otorga en materia de
calidad a la cadena de distribución (que incluye desde la
fabricación de partes, desarrollo de ingeniería, elaboración del
producto y materiales hasta servicios de comunicación, tecnología
de la información, logística de distribución y servicios
financieros y administrativos), impulsada por un liderazgo
sistemático en gestión. Dicho de otro modo, todo aquello que uno
compra que es importante para el crecimiento de la rentabilidad y
la calidad de la empresa.
Según
nuestra experiencia actual, esta actividad se centra notablemente
en el mejoramiento de la capacidad de la empresa para establecer
alianzas mucho más sólidas y productivas —ése es el objetivo
fundamental— con sus proveedores, tanto en el plano nacional como
internacional. Esa actividad difiere bastante del énfasis sobre
todo unidimensional que se daba antes, conocido como “negocia y
exprímelos”, que constituía una de las características principales
de algunas prácticas de logística pasadas. En cambio, ahora, el
énfasis que se da a la flexibilidad, la buena voluntad y capacidad
del proveedor —que por mucho tiempo fue considerado un activo
competitivo fundamental— de brindar una ayuda a la empresa en
calidad de aliado se acentúa sistemáticamente como un requisito
para la selección del proveedor en la tercerización multinacional
de los procesos de gestión de la logística que tiene lugar hoy en
día.
Otro
factor crucial que forma parte de la prioridad en materia de
calidad que esas empresas otorgan a la gestión de la distribución
radica en el desarrollo conjunto y la cooperación con sus
proveedores en áreas como la de especificaciones, logística,
procesamiento de la información, eficacia de los recursos humanos,
distribución y estructuración de inventarios. Ello vuelve más
gestionables y eficaces estrategias de proveedores clave y de
fundamental importancia como la calidad del inventario gestionado
por el vendedor y la integración de una cantidad cada vez mayor de
servicios por parte de un único proveedor.
Permítanme
ahora analizar nuestra experiencia en lo atinente al tercer
aspecto relativo a la prioridad, regida por el liderazgo en
gestión, que conceden las empresas a lograr una motivación mayor y
más coherente de sus recursos humanos en materia de calidad como
base fundamental para el liderazgo mundial en calidad.
Este
aspecto difiere bastante de las antiguas prácticas puestas en
práctica por algunas empresas, caracterizadas por fuegos
artificiales de oratoria en materia de gestión y sesiones de
motivación presentadas con un buen envoltorio. No obstante, como
empleado, cuando uno retorna a su trabajo, suele enfrentarse a
prácticas de calidad poco claras y a muros departamentales que han
vuelto lenta e ineficaz la mayor parte de la mejora de la calidad
y para lo cual no se estaba haciendo hincapié ni se estaban
implementando mejoras eficaces.
Por
el contrario, en el caso de las empresas líderes de hoy en día, la
prioridad se centra en el apoyo a la alta dirección, el énfasis y
el liderazgo personal de las prácticas que alientan, desarrollan y
se valen del conocimiento, las capacidades y las actitudes
fundamentales en materia de calidad de los hombres y mujeres que
trabajan en las organizaciones, bajo la modalidad de redes de
organizaciones de aprendizaje para lograr una mejora realmente
permanente de la calidad.
Ésa
es una de las claves fundamentales del know-how de las
empresas cuya principal prioridad en materia de fortaleza humana
en el ámbito de la calidad se ve reflejada en su tarea de
fortalecimiento continuo del liderazgo relativo a la satisfacción
del cliente. Ello trasciende en gran medida el enfoque adoptado en
años anteriores, que solía denominarse “worker empowerment”
(empoderamiento de los trabajadores), el cual solía equivaler a un
ascenso laboral poco sistemático y un aumento de las
responsabilidades en materia de calidad sin adoptar los cambios
necesarios, efectivos y reales en la alta dirección y los
recursos, que aportan el fundamento para la mejora real… En
consecuencia, un enfoque cuyo resultado fue por ende
limitado.
En
cambio, la prioridad que se otorga al nuevo liderazgo en calidad
consiste en crear el poder de un ambiente de confianza, de
apertura y de honesta comunicación para alentar el desarrollo de
lo que hemos denominado “emprendedores individuales de mejora de
la calidad”.
Y
desde nuestro trabajo y experiencia, ello también se traduce en
brindar sistemáticamente la plena oportunidad de continuar y de
lograr una mejora estricta de la calidad, facilitando a los
hombres y mujeres que trabajan en todas las áreas de la empresa
las herramientas, los procesos, el apoyo y la capacitación
necesarios en materia de calidad para ayudarlos a desarrollar sus
propias formas de análisis de la calidad y trabajo en equipo, y de
mejora de las prácticas de benchmarking para la empresa.
Siempre existe una manera mejor, y los hombres y mujeres que, por
lo general, están mejor calificados para establecer esa manera son
aquellos que están más próximos al trabajo mismo, cuando se les
brindan las herramientas y el apoyo y aliento necesarios para
poner en práctica esa mejor manera. Sabemos, desde nuestra
experiencia, que lograr eficazmente esta fortaleza en los recursos
humanos es una de las competitividades más poderosas con que
cuentan las empresas líderes en calidad de hoy en día.
El
cuarto aspecto relativo al liderazgo en materia de calidad de
algunas de las empresas líderes en ese ámbito consiste en la
capacidad de medir y gestionar sistemáticamente los costos
comerciales y económicos y los beneficios en materia de
rentabilidad comercial que surgen a partir del logro de la plena
satisfacción del cliente. Dado que esos costos y beneficios se
miden de manera sistemática, también se los puede gestionar
sistemáticamente y esa gestión y medición explícitas de la
economía de la calidad brinda un poder notable de liderazgo en
calidad, así como de crecimiento de las
ganancias.
En
nuestro trabajo en General Systems, y por lo que se ve en otras
empresas, esa prioridad se basa en la economía del costo de la
calidad que hace un tiempo definimos en nuestro libro, “Total
Quality Control” (Control total de la calidad), y que seguimos
desarrollando y aplicando en las principales empresas de todo el
mundo. Esa prioridad brinda un fundamento sistemático que permite
que la empresa considere y mida los costos y beneficios asociados
con el logro de la plena satisfacción del cliente y el costo
comercial que conlleva el fracaso en el logro de ese objetivo.
Como todos esos costos se miden sistemáticamente, se los puede
gestionar sistemáticamente y esa gestión y medición explícitas de
la economía de la calidad brindan un poder notable de liderazgo en
calidad que ha demostrado ser un gran activo para la rentabilidad
de la empresa. La importancia radica en que, para las empresas
líderes, esos costos equivalen a menos del 5% de sus ventas; para
las empresas con dificultades para competir exitosamente en el
mercado mundial de hoy en día, esos costos pueden llegar a
representar el 20% o más de sus ventas.
El
quinto aspecto del que se valen las compañías mundiales para
consolidar su competitividad, que se pone de manifiesto en las
actividades que llevamos a cabo en General Systems, está asociado
a la nueva naturaleza de la gestión estratégica de la calidad. En
ese sentido, se reconoce la importancia fundamental que recae hoy
en día sobre las fortalezas comerciales relacionadas con la
eficacia del liderazgo en gestión de lo que hemos estado
analizando aquí en términos de eficacia en materia de calidad y
velocidad en el desarrollo de un producto por parte de la empresa;
la integración de la calidad de sus proveedores; las fortalezas
humanas; la medición de la economía de la calidad y de fortalezas
similares en los procesos que hemos analizado hoy, los que, según
los líderes empresariales, constituyen activos de calidad clave
para la empresa.
Como
consecuencia de todos estos aspectos analizados, no cabe duda de
que son cada vez más las empresas cuyo enfoque actual sobre la
calidad se concibe como una prioridad estratégico-operativa
fundamental y diaria, con un liderazgo proactivo por parte de la
alta dirección de la empresa en lo que hace a esos activos de
calidad. En términos de sistemas, se trata de una prioridad
conducida en forma tan directa y eficaz como lo son las finanzas,
el equipamiento, el personal y los activos físicos inmuebles que
siempre han sido piezas clave en el liderazgo de la alta dirección
proactiva de las empresas. Más aún, en la actualidad, la gestión
de la calidad total constituye un nexo esencial al área de la
gobernancia corporativa, que es de fundamental importancia. Y esta
prioridad atribuye un papel claramente definido a los expertos y
profesionales de la calidad de la empresa, que incluye el apoyo
directo a los altos directivos de la empresa en esos
aspectos.
En
nuestro último libro, The Power of Management Capital (El poder
del capital de gestión), en el que se analiza el lenguaje de
la calidad que utiliza la alta dirección, el Dr. Donald S.
Feigenbaum y yo examinamos lo que hemos descubierto que se trata
de la naturaleza del liderazgo y la innovación de la alta
dirección que caracteriza a las empresas exitosas en cuanto a su
competitividad en materia de calidad para satisfacer a este
exigente entorno internacional que hemos estado
analizando.
Es
lo que sigue en el modelo de liderazgo en calidad basado realmente
en la alta dirección, que han consolidado durante tanto tiempo
organizaciones exitosas tales como General Electric y
Toyota.
En
The Power of Management Capital, analizamos el inmenso
privilegio que tuvimos de contar con la gentileza del Dr. Toyoda,
que aceptó analizar con nosotros sus conceptos y la importancia
qué él concede a la alta dirección y a la calidad tanto desde el
punto de vista teórico como práctico.
El
Dr. Toyoda dejó en claro que la eficacia de Toyota tuvo que ver en
gran medida con áreas tecnológicas tales como las de diseño
automotriz y capacidad mecánica en las que Toyota sigue
conservando una notable solidez, pero que también fueron muy
sólidas en toda la industria automotriz mundial. Sin embargo,
Toyoda hizo hincapié en que también tuvo mucho que ver con la
manera en que Toyota pensaba, entendía y creía en la naturaleza de
su negocio en términos de valor de la calidad y en la manera en
que reconocía el grado significativo de importancia del liderazgo
permanente en gestión para lograr la mejora de los procesos y el
compromiso humano y de trabajo en equipo que ello requería
constantemente en toda la empresa y su mercado.
La consecuencia que tuvo esa
importancia en materia de liderazgo fue que todos los recursos de
Toyota —el capital humano, las capacidades tecnológicas, las
relaciones con los proveedores, la atención sobre la calidad y las
relaciones con los clientes, junto con sus importantes activos
físicos y financieros— se lograron conjugar eficazmente dentro de
los procesos comerciales y de gestión altamente poderosos como los
que hemos analizado hoy, que (como los productos que se generaban
a partir de ellos) eran impulsados en sí mismos por la constante
innovación.
Para
brindar otro ejemplo sobre lo que tratamos en el libro, permítanme
pasar a una compañía similar a Toyota en cuanto a su fortaleza en
términos de valor del cliente en materia de calidad, pero
diferente en casi todo lo demás (productos, mercados, tecnología y
distribución geográfica). Se trata de General Electric, la empresa
fabricante más grande del mundo, cuyas actividades mundiales en
materia de calidad total nos resultan familiares a
todos.
La
prioridad que se concede en General Electric a la calidad del
liderazgo en gestión se ha orientado rigurosamente hacia un claro
énfasis sobre el valor del cliente en lo que respecta a toda su
amplia variedad de productos y servicios, todos los cuales llevan
el monograma de la empresa, que se traduce en dos objetivos
fundamentales enunciados por el Gerente General:
–
¿Cómo podemos lograr que nuestros clientes estén continuamente
satisfechos y seguros a través de lo que compran en GE?
–
¿Cómo podemos hacer que nuestros clientes comerciales e
industriales se vuelvan más competitivos a través de lo que
compran en GE?
Este
tipo de prioridad logra conceder una importancia básica y central
en términos de valor de la calidad a miles de productos que llevan
la marca GE y constituye un motivo clave para el crecimiento
continuo del negocio de GE en todo el mundo.
El
mensaje que se desprende de nuestra experiencia a través de
ejemplos tales como los que acabo de mencionar es que, a través de
procesos y actividades como éstas, la calidad se ha convertido en
lo que bien puede definirse como un lenguaje mundial para las
empresas y los clientes. Hoy en día, una de las piezas
fundamentales de la competitividad de cualquier empresa es el
grado de eficacia con que ésta comprende y aplica el lenguaje de
la calidad en todas sus áreas de operaciones. Según ese lenguaje,
la calidad es lo que el cliente —no la empresa— dice que es y el
liderazgo en calidad se traduce en el aumento continuo de la
cantidad de cosas que entusiasman sobremanera a ese
cliente.
Y
a medida que seguimos viendo y haciendo hincapié en este tema, en
el marco de la labor que lleva adelante General Systems en todo el
mundo, el impulso que existe en este lenguaje mundial tan
cambiante que se utiliza en materia de calidad es el nuevo poder
orientado hacia la calidad que han adquirido Internet y la
tecnología de la información hoy en día. Ello ejerce una
influencia cada vez mayor sobre los compradores potenciales al
brindar información sobre el valor del cliente en materia de
productos y servicios en forma rápida y transparente, lo que se ha
convertido en un factor cada vez más importante en nuestra labor
relativa a la calidad total y en lo que hace a la definición del
futuro mismo de la calidad. Esta tecnología de la información e
Internet, presentes en muchos mercados de hoy, brinda a los
compradores y usuarios un rápido acceso a los resultados en
materia de desempeño en calidad de los productos de una empresa. Y
los compradores informados están empezando a esperar cada vez más
esta información y una especificación más sistemática en lo que
respecta a la calidad del producto, el valor y atractivo de esta
forma de acceso directo con que cuentan.
Todo
esto que hemos analizado, ¿constituye un gran desafío? Sin duda.
¿Un desafío en proceso de formación al que le falta mucho para
completarse, pero en el cual ya se ha avanzado significativamente
en muchas de nuestras empresas? Así es. Y la creciente demanda de
valor de la calidad total y percibida por parte de los compradores
convierte este desafío en una inmensa oportunidad de que ejerzan
un liderazgo competitivo aquellas organizaciones y empresas cuya
estrategia de crecimiento y rentabilidad se centra en lograr y
mantener un claro liderazgo en gestión de calidad para
beneficiarse de las grandes oportunidades que surgen del entorno
mundial de exigencia que se da hoy en día. A su vez, le atribuye
un papel altamente productivo y un futuro sólido a la alta
dirección así como al profesional de la calidad que presta su
apoyo a este crecimiento de la calidad que hoy sigue aportando un
importante beneficio humano así como resultados económicos y
tecnológicos.
Para
concluir, me gustaría recalcar nuevamente que para mí ha sido un
gran privilegio tener la oportunidad de pronunciar el discurso de
apertura de este Congreso Internacional de Calidad en la Gestión,
en el que ha reinado un espíritu centrado en la importancia del
liderazgo excepcional que es tan necesario para el logro de los
resultados en materia de calidad que, según indica nuestra
experiencia, son esenciales para satisfacer las enormes exigencias
humanas y económicas y las expectativas del mundo interconectado
de hoy en día, que son tan importantes para todos.
Le
deseo a cada uno de ustedes mucho éxito en el interés personal que
deposite en la tarea de abocarse a la búsqueda del liderazgo en
calidad tanto ahora como en las nuevas oportunidades que se
presenten en el siglo veintiuno... con el entusiasmo adicional que
ese compromiso con la excelencia y el mejoramiento del bienestar
económico, social y humano trae aparejado para nuestro trabajo,
nuestras empresas e incluso para nuestra vida
personal. |